I
Tocamos el piano
por nuestros dedos
el deseo vierte su música
un diálogo susurrado
una mano en piel ajena
desde entonces llevo
mi espalda marcada
como los lugares
a los que las abejas
planean volver
II
demoro tu ida
al trabajo
con una caricia imposible
de resistir es
mi único vicio
tender de mi balcón
un momento elegido
entre tantos y sentarme a mirarlo
mientras
labios y lengua extrañan
el camino andado durante la noche
III
dormir sobre
tu cuerpo dormido
besarte una
a una las pecas que se esparcen
en la almohada cuando no
las vemos ¿qué pasará
mientras soñamos?
andar tu cuerpo
con la inconciencia
de un presente infinito
o un futuro del que no quiero
saber
IV
en este dulce
deslizar por el cuerpo
de otro. En este tibio ocaso
se me va la vida. Enredada
entre los dedos del amante.
Expirada por los labios que me rozan.
V
coso tu pollera
mientras dormís un
rato
más y pienso¿será
por fin esto lo que
la decida a quedarse
lo que transforme su ideal
de una familia feliz?
VI
te
miro
en el
fondo de mi taza
de
café con leche
ando
las calles
busco
tu voz en mi
caleidoscopio
personal
te
detendrás
junto
a la ventana, alguna lluvia
buscando
el
preciso lugar
donde
las gotas empiezan a caer
penderás
de mí tu mirada
en
otra parte
VII
a quien
le escribo
a quien
invoca mi deseo
a campo traviesa
tu ausencia física
de a ratos, de otros
en el lugar por mí elegido
para quedarte, en medio
de la noche despierta
la sorpresa de que hoy
estés acá
VIII
verte doblar la esquina
te das vuelta, no te das
vuelta a pensarte y el repaso
del tiempo que dilata
pupilas, boca y vos
te alejás silbando algo
que no resolvés si deslizar
o no.
Te dejo ir
como a un barrilete al que me até
durante la noche
suelto ese peso
a esta hora de la tarde.
IX
repito un gesto tuyo
en el espejo a partir
de ahora estarás presente
através de lo que no disuelva el tiempo
X
en la distancia y a esta altura
mi cuerpo se vacía de tu cuerpo
marea de minutos que se vuelven
horas, días, semanas, las líneas
de tu cara diluídas
XI
es curioso
oler la mentira
y aún lanzarme
de cara al suelo
necesitar un santo
en el lugar del amor
que descanse
en carne ajena
la angustia
de saberme sola
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