es la hora de la
siesta, Janito
y yo comemos
chocolate de una olla
él esgrime
una cuchara de madera
como una varita
de mago, yo
me río a carcajadas
los ojos que apenas
se me ven, dientes de
leche
que desfilan
al servicio de un
instante
su nombre escrito
por mí sobre una
puerta
la carita raspada por
el salpicré
y algunos golpes
que no pude evitar
darle
en horas de
aburrimiento
es que a veces,
Janito
te envidiaba
los indiecitos y las
cartas
de "titanes en
el ring"
se veían más
divertidas que
los platos y tacitas
de porcelana
vos no querías que
jugara a la pelota
cuando venía Carlitos
Morrison Fell
te avergonzaba que yo
fuera varonera
entonces les tiraba
la pelota
a la casa de al lado,
la vieja nunca
la devolvía aunque
te quedaras
prendido del timbre
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