miércoles, 23 de julio de 2014

" El mostro trapo " Pina González


Su primera aparición es en el desayuno.
Por más que me lave tres veces la cara para estar bien despierta y tome la precaución de agarrar la taza con las dos manos, siempre hay algún motivo para que suceda. A veces, es papá el que vuelca cuando pasa de una taza a la otra el café con leche para que no me queme. Y ahí llega el mostro que tiene el color de las sustancias que no logra digerir. La salsa de los ravioles del domingo, la leche de todas las meriendas y la grasa del churrasco del almuerzo. Y así crece y crece hasta que un día mamá vuelve en sí de su hipnosis habitual, y por fin me escucha preguntarle inocentemente ¿maaá, los trapos se lavan? y lo sumerge en lavandina. Luego de este baño el mostro-trapo se transforma en una hermosa bailarinita que anda de un lado al otro de la mesada sacándole brillo a todas las cosas. Pero con el paso de los días va mutando en este mostro endemoniado con problemas digestivos. Hay que estar alerta. Cualquier imprudencia puede ser una excusa para que aparezca y su olor nauseabundo se nos meta por las narices para adormecer nuestro pensamiento. ¡Aaah, el trapo!

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