Caminando por la avenida Caseros en los
distintos negocios puede verse el continuo homenaje al club Huracán que
identifica al barrio. Llegando al Parque de los Patricios hay una fila de taxis
estacionados. No es que haya parada. Hay peña norteña y los tacheros que
almuerzan usualmente en el bolichín de Mexico y Pichincha están todos acá. En
la puerta de la Sede social “El globito” un cincuentón enorme se detiene ante
mi aspecto de gringa de arriba a abajo, de abajo a arriba, y me deja pasar.
Haciendo el cálculo de la guita que tendré para tomar, gatillo los quince
pesitos y atravieso la pista aún vacía para buscar en la barra una Salta negra. - ¿A qué hora tocará Copa k´
bana?, pregunto. - No, lo de Copa K´Bana se suspendió, no pudieron viajar. -
Como número principal va estar “7 lunas“
Me acerco a una mesa de coca cola y me
siento con mi litro de cerveza en vaso gigante y mi mochila. Tenía ganas de
escucharlos. Me había comprado el disco en el Parque Rivadavia y me gustaba la
idea de verlos en vivo. Desilusión en la cafetería de un club de barrio
devenida boliche. Luces de tubo acalladas por una lámpara audiorítmica y la luz
del gimnasio vecino. Cortinas rayadas, raídas,
nostálgicas del naranja que alguna vez fue. Ventiladores antiguos
amurados, espejos, y vegetación artificial. Tomo el primer trago, y en la mesa
de al lado dos mujeres brindan con Seven up -Por
cuarentaicinco años más!! dice la amiga. Duda la cumpleañera al brindar -
Y...serían noventa, no sé Esther, dice. En ese momento se acerca uno con
carnet de pesado. La amiga lo mira
resoplando por lo bajo. La cumpleañera sonríe, planeando ya el fin de la
noche. El pesado se sienta, ofrece la birra y al empezar a hablar llena de
ademanes la mesa. Pregunta los nombres a las mujeres - Yo soy Rolando, trabajo en Arcor como dice acá, dice mientras se
agarra la remera justo en el lugar del logo. La música se detiene y los tres
miran hacia el escenario. - Qué tal
amigos. Una noche más en el marco de estas peñas norteñas que hacen posible
nuestro querido Alfredo y la comisión directiva del club. Les comunicamos para
no crear falsas espectativas, que el grupo Copa k bana no ha podido viajar, así
que no estará esta noche con nosotros. En su lugar nos acompañará “7 lunas”. Y
ahora vamos a darle la bienvenida a Los Shelkas que abren esta noche tan linda.
Un erke ocupa gran
parte de la escena. El hombre que lo sopla, mueve su cuerpo en una danza lenta
que da pie a los primeros acordes de “El Humahuaqueño”. Tres cuartos litros de
birra en mi vaso y la pista es inaugurada por una pareja de hombres que
enfrentados bailan un carnavalito corriendo de un ángulo al otro. Uno sacude su
campera casi en un sarandeo y el otro revolea la bufanda como si fueran
boleadoras. Dejo mi mesa para poder ver de cerca y me mezclo con el resto de
los hombres que miran el espectáculo a risotadas. Las mujeres siguen en las
mesas esperando alguna invitación. A mitad de mi vaso la pista comienza a
poblarse. Cuando dejan de ser protagonistas los hombres se alejan, y el pesado
y la cumpleañera llegan al centro de la pista. A ver cómo bailan las sayas?... dos pasitos, dos pasitos...Se lo
escucha al cantante. Y en un rincón,
una chica que baila la saya más lindo que todas se lleva la corona de la reina
del baile. En la primer mesa, un grupo
de señoras ostentan el brillo de las camperas de cuero de sus maridos. Yo le paso blem!! Se escucha al pasar. Y
las cabezas de todas se dan vuelta buscando al marido de campera reluciente.
Solo un cuarto de bebida en mi vaso y tres amigas rodean a un hombre que de brazos
alzados baila mientras canta: “ Lloro/ por quererte/ por amarte y adorarte” Un
rato con cada una él, pretende ser sensual sacudiendo la pelvis, mientras ellas
giran en su sitio. La música me atraviesa y falta muy poco para que me largue a
bailar. Apuro el trago y dejo el vaso en la barra. Al darme vuelta el de
bufanda-boleadora me invita a bailar. Vuelven las sayas y las bailo como
cumbia. El me enseña pero soy bastante dura. Se resigna y baila cumbia sobre la
saya conmigo. En cada vuelta que me da, aprovecha para agarrarme a su antojo
aunque mi mochila lo limita bastante. La música se detiene un momento y
aprovecha para presentarse. Me llamo Carlos,
soy salteño y tengo un taxi, me dice al oído. Parece querer mostrarse como
un buen partido. Su sonrisa saluda la suerte de agarrarme la cintura en un
Takirari y este sí que lo logro bailar. Terminan Los Shelkas y suena Karibe con
K de la mano del disk jockey. Algunos siguen bailando y otros van a la barra
por un trago. La mayoría toma Salta rubia. Un grupo de adolescentes con
claritos y mucho gel empiezan a gritar Copa K bana, Copa K bana y algo de tensión se instala en el ambiente.
Mi compañero de baile se acerca con dos fernet con coca y charlamos un rato.
Mientras tanto afinan sus instrumentos los Bengala Super Star. Este grupo es mucho mejor que los Copa
k´bana, me dice. ¡Vas a ver! ¿De
donde sos?¿Y te gusta esta música? Vuelve el presentador al grito de ¡Levanten la mano los Jujeños! Y a ver...
¿cuántos salteños hay esta noche? Carlos alza la mano junto a un montón de
gente. Irrumpen los Bengala con toda la fuerza del altiplano y nosotros
volvemos a bailar. El pesado se quedó dormido en la silla, la amiga, aburrida
le cuenta los ronquidos y la cumpleañera sale a bailar con uno nuevo. Bailamos
un rato hasta que cansada decido que fue suficiente, y con la excusa de ir al
baño me escurro entre la multitud.
No hay comentarios:
Publicar un comentario